Gira tu vida. Noviembre

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Observa, sonríe

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Encontrada en Pexels (desde Pixabay)

Existe un ejercicio muy simple de comunicación, es fácil pero algunas veces lo olvidamos por completo, tal vez porque pertenece a un momento de la historia del hombre muy lejana… la era pre-teléfonos celulares (móviles).

Este ejercicio se llama observar y tiene como finalidad ver, ver a las otras personas principalmente, verlas en serio, conectar durante unos segundos la mirada con quien está enfrente de mí.

 

office-336368_960_720             En un mundo interconectado 24/7, la velocidad con la que nos encontramos con otras personas es inaudita. Hacemos “amigos” en redes sociales con mucha facilidad, conectamos con el mundo entero en cuestión de segundos ¡y la verdad es que eso es una maravilla! La cuestión es que olvidamos los nombres de las personas a nuestro alrededor o desconocemos la cara de nuestro vecino.

La mayor parte del tiempo nos desconectamos… Seguimos un pequeño patrón, funcional y concreto para las conversaciones triviales del día a día:

-Hola, qué tal ¿cómo estás?

-Bien gracias ¿y tú?

-Bien…

Todo esto, así como de paso, sin detenernos, para cumplir pues con el requisito de “encontrarme” con el otro.

¿Qué pasaría si observo y sonrío?

Ese mínimo espacio de comunicación cambia lo que sucede entre dos personas. Me conecto contigo desde la mirada, pero una buena mirada: observarte, ver cómo reaccionas ante mi presencia, ante lo que soy y represento y lo que puede significarte lo que te devuelvo, como una sonrisa. Y funciona igual del otro lado.

Sonreír y mirar a los ojos al otro es un comienzo, lleva a un encuentro real, donde otra mirada me devuelve mi propia presencia y me hace sentir realmente conectado.

Te propongo un ejercicio muy sencillo, ahora que estamos en el camino de los buenos propósitos del año. Un día, observa a las personas con las que te relacionas, míralas a los ojos y sonríe. Llámalas por su nombre y sonríe. Agradece un servicio viendo al otro a los ojos y sonríe. Verás que ese pequeño gesto cambia tu día y el día de la otra persona.

Porque en un mundo hiper-comunicado por medio de aparatos tecnológicos, sonreír, continua siendo una respuesta verdadera del encuentro humano.

¡Sonríe!

 

 

 

 

 

 

 

Gira tu vida

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¿Cómo recibo tu enojo?

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Aparentemente es muy fácil recibir. Pero cuando hablamos de emociones por lo general nos falta práctica…

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El punto en este artículo es ¿cómo recibo tu enojo? ¿Por qué el enojo y no la alegría o el miedo? La respuesta es simple: el enojo es contradictorio, fácil de sentir, difícil de expresar. Por ende, difícil de recibir también.

 

Una sonrisa, la pena de alguien más, las lágrimas, consiguen la empatía de manera casi automática. El enojo provoca así de rápido una defensa inconsciente que nos pone a la defensiva.

Piensa, cuando alguien cercano te dice algo desde su enojo ¿qué haces? La respuesta es variable, lo sé, pero la incomodidad de seguro se instala rápido; intentamos justificar o explicar o decir algo y la verdad es que nada de eso mejora cómo nos hace sentir ese enojo ajeno.

Normalmente nuestras emociones nos acompañan de manera silenciosa, nos sentimos felices un momento, un poco tristes más tarde y van amoldándose a lo largo del día, aparecen, desaparecen. No están siempre, pero cuando aparecen modifican nuestro estar y hacer.

Las emociones tienen una finalidad importante, son mecanismos que nos ayudan a  evaluar de manera casi automática una determinada situación, asociada la más de las veces con estímulos externos que provocan reacciones orgánicas y respuestas activadas socialmente. Son en otras palabras, conexiones fijadas genéticamente que han servido a la humanidad en los últimos cincuenta mil años.

Aprendemos a reaccionar a estos estímulos desde muy pequeños y a lo largo de la vida las reacciones emocionales se ajustan de acuerdo a los marcos de referencia social.

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¿Recuerdas qué te decían cuando eras pequeño y llorabas por algo? ¿O cuando reías sin parar por un chiste muy bobo? ¿O por enojarte y manifestar ese enojo? Bueno, las respuestas más probables sobre el llanto pueden ser: “no llores por nada…”, “los niños no lloran…”, “te voy a dar para que llores por algo”; entre muchas otras. Si hablamos de la risa los comentarios pueden ser: “pareces loco o loca”, “te ríes como bobo”, “¿qué risas son esas?”. Y para el enojo, estas son posibles respuestas: “Aquí no se habla con enojados”, “vete y cuando se te baje el enojo regresas”, “tienes dos problemas: enojarte y contentarte”.

Con esto me interesa ejemplificar las distintas reacciones que se esperaban de nosotros desde esas condiciones sociales, esos aprendizajes que de cierta forma encubren las emociones cuando aparecen porque las reacciones esperadas generan un conflicto con lo establecido. Ahora, ¿cómo aprendí a vivir con esas reacciones? Depende de cada uno, lo cierto es que hay emociones a las que reacciono con más intensidad que a otras. O emociones que vivo con más intensidad y frecuencia que otras.

Nuestra respuesta a las emociones de los demás es muy parecida. La empatía, como uno de los recursos para el equilibrio emocional implica autoconocimiento. Saber qué siento, qué o quién lo provoca y cómo me hace reaccionar, puedo identificarme con esa emoción inconscientemente y actuar en consecuencia.

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Recibir las emociones de alguien más por esta vía es fácil, pero el enojo por el contrario nos vuelve desconfiados y antipáticos.

Lo cierto es que el enojo del otro, está ahí, y lo mejor que puedo hacer es aceptarlo y permitir al otro la expresión de ese enojo.

Aquí dejo algunas sugerencias para la reflexión sobre cómo recibir el enojo del otro.

  • Escucha, si el otro necesita decirme cómo se siente o cómo le hace sentir algo que pasamos juntos, escucha.
  • Evita los reclamos,  recibe el enojo sin preparar mentalmente todas las justificaciones posibles que se te ocurran, evita incluso las referencias a errores pasados de la otra persona.
  • Evalúa, considera qué parte de ese enojo realmente es tu responsabilidad, pero, evita más confrontaciones.
  • Espera, nada es para siempre y el enojo también se disuelve.

La visión de la luz. Análisis sobre la percepción multicultural en el aula.

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“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz”

Leonardo Cohen

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¿Qué hay del otro lado del aula? ¿Qué pensamientos corren más allá de los temas que se presentan en el pizarrón? ¿Quiénes son estas personas, aparentemente interesadas en lo que tengo que decir? ¿Qué tienen que decir ellas?

Soy maestra, docente, profesora. Soy la persona al frente en el aula. Soy a quien los alumnos observan y a quien contestan muchas veces de manera automática. También soy esa mujer que insiste en que todos los alumnos tienen algo que decir y formas diferentes para decirlo.

Con la película de LaGravenese, Escritores de la Libertad (2007);  intento responder estas preguntas; e  ilustrar los procesos psicológicos básicos, relacionados con el proceso de enseñanza-aprendizaje, como la atención, la sensación y la percepción.

Cada estudiante tiene sus propias características: historia personal, personalidad, emociones, experiencias, en fin, un conjunto de cualidades, habilidades y procesos cognitivos que lo definen de manera integral. Cada persona, incluyéndonos, es un microcosmos dentro del aula y cada persona es una parte del todo que forma un grupo académico.

Cada estudiante, por tanto, es un ser autónomo en su totalidad. Cada uno de ellos decide  cómo estar y cómo vivir.

En la película, observamos un grupo de bachillerato que es considerado por la mayoría de los profesores como “problemático”; porque la percepción que tienen de ellos es que son delincuentes, descarriados y sin futuro, en consecuencia los convierten en un grupo “especial” sin creer en ellos en absoluto. La percepción de estos maestros es superficial, ven únicamente un grupo con diversidades étnicas y culturales que asocian de inmediato con problemas, porque no se parece a lo que ellos son o hacen o piensan.

La percepción es de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos. La percepción entonces, es sensorial, toda esa información que llega a nosotros de manera perceptual: escucho, veo, huelo, siento o saboreo. Desde aquí entonces se explica la percepción de ese grupo de maestros: carecen de información más allá de sus sentidos para describir y relacionarse con el grupo. Toda la información con que cuentan, es una información cultural y social, resultado de las experiencias que han tenido en su vida, y que por esas mismas experiencias reconocen como bueno o malo. De esta manera lo que ven intenta ser congruente con lo que saben; así que lo más fácil es decir “ese grupo distinto cubre todas las características de lo que yo considero malo”.  Tan simple, tan fácil. Tan perceptual.

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Se deja entonces todo el proceso de conocimiento porque es inútil. Y aunque sea el profesor, trataré a estos alumnos como personas sin valor.

Sin embargo, esta reflexión tiene dos vías; ¿qué pasa con los alumnos? En la película, los estudiantes critican a la maestra, porque es blanca, porque su vida es completamente diferente y fácil; y los estudiantes aseguran que es imposible que sepa cómo es su vida, lo que significa sobrevivir en su mundo y cumplir con ciertas expectativas, como en el caso de Eva; que se siente obligada a hacer lo correcto para la familia; aunque esto signifique mentir.

Los jóvenes también adelantan sus conclusiones por el mismo proceso que los profesores: se basan en la información superficial que reciben para generar datos y por ende una forma específica de relacionarse: los blancos nos persiguen porque pueden, quieren respeto pero no nos dan respeto; entre otras ideas preconcebidas desde la experiencia social y cultural.

Esto es un espejo de nuestra realidad.

Descubrir el pensamiento que motiva a los estudiantes en un salón de clases, puede ser al mismo tiempo un viaje interesante o un proceso de autoconocimiento. ¿Dónde está la atención de cada uno? ¿Dónde pone cada uno su mayor voluntad y su mejor esfuerzo? ¿Cuál es su realidad, qué perciben desde su momento de vida,  cómo resignifican eso que perciben? Y para nosotros como docentes, ¿cómo hacemos que su día sentados, inactivos en un aula, realmente tenga sentido?

La película revela esa relación: una maestra involucrada con un grupo atento. Por supuesto el principio fue diferente. La relación con ese grupo que siempre se sintió maltratado, generó un distanciamiento; la maestra insistió y cambió su manera de tratarlos después de una simple situación: estar atenta.  Escucho lo que los estudiantes decían, cómo lo decían, qué expresaban en esas voces con su tono y su intención y realmente pudo descubrir la necesidad de los jóvenes para expresar el dolor, el sufrimiento, la pobreza, el rechazo o el desamor.

La atención es voluntaria, soy yo quien decide poner atención sobre un asunto particular. Los demás profesores de la escuela eran incapaces de escuchar las voces de estos chicos, eran incapaces de tomar un minuto de sus vidas ocupadas para intentar descifrar su situación. Y los estudiantes también se negaban a cambiar el significado de su relación con los profesores. Hasta que una de ellos volcó su atención en sus necesidades y en buscar una manera en conjunto de crecer y compartir su estar en el mundo. Rompen entonces, la idea de la directora: “no se puede educar a quien no lo desea”; esto es totalmente cierto; ellos deseaban esa educación dignamente.

En psicología, la  atención es la aplicación voluntaria de la actividad mental o de los sentidos a un determinado objeto mental o sensible; funciona como un filtro de los múltiples estímulos que recibe el sujeto, éste, los discrimina para activamente actuar sobre los seleccionados. Es una decisión consciente. La atención es dirigir esta consciencia hacia el hecho que nos interesa. La película refleja eso. Todo el grupo, maestra y estudiantes, hacen consciente la necesidad de poner atención sobre las cosas importantes, el tipo de cosas que permite mejorar la vida. Respeto, responsabilidad, valor, estima, afecto, son los diferentes valores que se descubren, se redimensionan, resignifican y se asumen en el proceso de vivir el momento presente de manera atenta. Las etiquetas pierden sentido ser blanco, afroamericano, latino, pierde importancia; todos somos personas. Aquello que sabía deja de ser mi verdad absoluta dando pie a un nuevo descubrimiento. La misma profesora asume su vocación y la sigue,  aun cuando pierde su relación personal (tal vez porque sus expectativas eran distintas) y gana en su relación con los estudiantes.

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El trabajo docente es así. Un constante aprendizaje en dos vías. Una experiencia continua de cambio y reajuste. Somos seres integrales, nos presentamos con todo lo que somos y eso puede verse en lo que hacemos, decimos y pensamos, en la congruencia con nuestros actos, en la aceptación de los hechos, en la forma en que me hago responsable de mi vida y la comparto con quienes la necesitan, eso sí, con significados reconstruidos y poniendo mucha atención en continuar creciendo cada día.

Cada persona del otro lado en un grupo, es un ser autónomo que decide y asume con responsabilidad, cada estudiante tiene la oportunidad de descubrirse y descubrir a su grupo. Cada estudiante es una persona activa en todos los sentidos, todos poseemos esa energía y esa fuerza; una grieta por donde entra la luz.

Referencias:

LaGravenese,  R. (2007) Freedom Writers (Escritores de la Libertad). EU: Paramount Pictures.

Real Academia Española. (2001) Diccionario de la lengua española. (22ª. Ed.). Consultado el 10 de marzo 2017 en: http://www.rae.es/rae.html

Zimbardo, P.,  Johnson, R., McCann, V. (2012) Psychology, The Core Concepts. E.U: Pearson.